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El Doble Máster MUIA + MUGSCA forma profesionales para gestionar eficazmente la seguridad y la calidad alimentaria

Eugenia Martín Esparza, directora académica del MUGSCA.

El Doble Máster Universitario en Ingeniería Agronómica + Gestión de la Seguridad y Calidad Alimentaria   que ofrece la Escuela, forma profesionales altamente cualificados para gestionar eficazmente la seguridad y la calidad alimentaria. 

La directora académica del máster, Eugenia Martín Esparza, nos habla de las ventajas de cursar esta doble titulación de futuro, teniendo en cuenta que la industria de alimentación y bebidas en España es la que más contribuye al PIB nacional.

-¿Por qué se ha puesto en marcha este doble máster?

En España, la industria de alimentación y bebidas es la primera rama manufacturera del sector industrial, siendo el que más contribuye al Producto Interior Bruto (PIB).

El sistema alimentario incluye todas las actividades implicadas en la producción de las materias primas, en el procesado de las mismas para su transformación y conservación de los alimentos, así como en la distribución y venta final a los consumidores. En toda la cadena es de vital importancia asegurar la inocuidad.

Para ello, es importante tener un pleno conocimiento de los peligros y los retos a los que se enfrenta desde el punto de vista de la higiene alimentaria, las alternativas a la desinfección y al diseño higiénico de instalaciones, una correcta gestión de la seguridad alimentaria en la industria, la tecnología existente y de futuro al servicio de la alimentación para lograr la seguridad y la sostenibilidad en las explotaciones agropecuarias, el procesado y la conservación de alimentos.

Y sin olvidar que todo ello forma parte de la dirección y gestión de la industria agroalimentaria. Por todo esto, consideramos de gran interés para los titulados en Ingeniería Agronómica de la Especialización en Industrias Alimentarias este doble máster, pues podrá completar la formación en este campo con contenidos más específicos relacionados con la seguridad y calidad alimentaria.

-¿Cuál es su objetivo?

El objetivo de este doble máster es lograr una formación integral en sistemas de producción agroalimentaria que permitan gestionar eficazmente la seguridad y la calidad alimentaria en todos los eslabones de la cadena, permitiendo así producir alimentos seguros, de alta calidad, en procesos sostenibles y respetuosos con el medio ambiente.

-¿Qué competencias adquirirán los estudiantes que lo cursen?

El Máster Universitario en Ingeniería Agronómica (MUIA) habilita para ejercer la profesión de Ingeniero Agrónomo, mientras que el Máster Universitario en Gestión de la Seguridad y Calidad Alimentaria (MUGSCA) está orientado a la adquisición de las capacidades necesarias para la dirección y la gestión de la industria agroalimentaria, no solo desde el punto de vista de los aspectos económicos y financieros, sino también desde los relacionados con la calidad y la seguridad de los procesos productivos y de los alimentos.

-¿Cómo se lleva a cabo?

El 1er curso (60 ECTS) del doble máster coincide exactamente con el primer curso del MUIA. En el 2º curso, se cursarán las cuatro asignaturas de la Materia de Especialización en Industrias Agroalimentarias del MUIA (24 ECTS), así como ocho asignaturas del MUGSCA de 2,5 ECTS cada una, las prácticas curriculares y los TFM.

Tanto los horarios como la planificación del curso se han diseñado de manera que el alumno pueda realizar todas las actividades previstas en dos cursos, y no en los tres y medio que supondría cursar ambos títulos de forma independiente.

-¿Qué ventajas tiene cursar un doble máster?

El doble título permite adquirir las competencias de ambos másteres a través de una trayectoria académica integrada. Todo ello, con un coste temporal y económico inferior al que representa la obtención de ambos másteres de manera individualizada.

De este modo, un estudiante del MUIA, en lugar de cursar los 102 ECTS del MUIA y los 60 ECTS del MUGSCA, cursa un total de 143,5 ECTS. La programación de los cursos permite obtener la doble titulación en dos años, en lugar de los tres años y medio que serían necesarios en caso de cursar ambos másteres de manera independiente.

-¿Cuántas plazas se van a ofertar? ¿Qué demanda se espera? 

Las solicitudes se baremarán junto con las recibidas para cursar el MUGSCA. Se admitirán hasta un máximo de 5 plazas para el próximo curso.

-¿Qué salidas profesionales tendrán los egresados? 

Las salidas profesionales serán todas las propias de la titulación de Ingeniero Agrónomo con especial atención a todo lo relacionado con el proceso productivo en la cadena agroalimentaria: sector agropecuario, industria agroalimentaria, sector de la distribución y consumidor final. La gestión de la seguridad, de la calidad y de los recursos humanos en la empresa agroalimentaria constituirá una especialización adicional que les permitirá incorporarse en departamentos de calidad de las empresas del sector.

-¿Es este doble máster una titulación de futuro?

Tal como se ha comentado previamente, el sector agroalimentario es un sector de enorme importancia en nuestro país, y en este sentido la combinación de la Ingeniería Agronómica con una especialización en un área de vital importancia como es la gestión de la seguridad y la calidad alimentaria, permitirá a los alumnos adquirir un perfil profesional muy completo y de gran futuro. Los retos a los que se enfrenta continuamente este sector tan dinámico (cambios socioeconómicos, necesidad de adaptar la actividad a una economía circular y al uso eficiente de recursos, la cada mayor exigencia del consumidor, la digitalización…) ponen de manifiesto la necesidad de un perfil profesional con esta formación integrada.

 

 

 

 

La agricultura frente al COVID-19

La pandemia del COVID-19 se ha vuelto, no solo universal, sino trasversal a toda la sociedad y sus sectores de actividad profesional. Probablemente estemos ante la primera pandemia de estas características en la historia de la humanidad, pues nunca la humanidad estuvo más globalizada e interconectada.

Hoy en día ya no cabe ninguna duda de que los países y sus sociedades están sujetos no solo a su actividad sino a las de toda la humanidad, pues compartimos un único planeta que se ha tornado realmente pequeño. El escenario creado por la aparición del COVID-19 es ante todo nuevo e impredecible. Estas dos características son las que van a definir no solo los acontecimientos que se van a suceder, sino el perfil de aquellos líderes que, con éxito, serán capaces de manejar los retos que surjan para minimizar los impactos negativos sobre sus sociedades.

En estos momentos, la anticipación, la adaptabilidad, la capacidad de análisis, la empatía y la determinación son más importantes que nunca para poder hacer una gestión acertada en cada escenario nuevo que se suceda. Estos paradigmas son, si cabe, más fundamentales en un sector esencial como es el sector agrícola, defendido por todos los gobiernos a nivel mundial por su enorme valor estratégico. Nuestro sector, el agrícola, es fuente de muchos factores positivos como empleo, desarrollo tecnológico, salud, …, pero sobre todo de tranquilidad social pues garantiza la alimentación de la población.

Estos meses hemos visto cómo muchas actividades podían verse reducidas o incluso paradas, pero no ha sido el caso de la agricultura. Nuestros agricultores y empresas productoras han tenido que continuar con su actividad haciendo frente a los riesgos de la exposición al COVID-19 al no poder permanecer protegidos en sus hogares. También hemos comprobado como desde muchos sectores de la población e instituciones se les ha reconocido, junto con otros colectivos esenciales, su esfuerzo y solidaridad con el resto de la población.

En el sector agrícola, ámbito en el que tengo experiencia y en el que nuestra compañía Stoller es referente mundial, los efectos del COVID-19 están siendo percibidos de muchas formas diferentes, afectando de forma trasversal a todas las actividades vinculadas con el campo.

Algunos de los efectos que hemos sido capaces de percibir hasta ahora han sido:

–       Dificultad o imposibilidad de conseguir mano de obra extranjera para la realización de las labores necesarias del campo. Este fenómeno se ha repetido en casi todos los países con rentas per cápita más altas ya que tradicionalmente han empleado mano de obra inmigrante para las tareas del campo. Desde marzo hemos contemplado el cierre sistemático de fronteras entre países y el cese de los flujos migratorios, impidiendo a las personas viajar a sus puestos de trabajo tradicionales. Está claro que la imposibilidad de disponer de la mano de obra necesaria para las labores del campo está dificultando y modificando las producciones, así por ejemplo en UK la producción de frutos rojos en 2020 va a verse reducida enormemente. En España estamos viendo y sufriendo esta circunstancia en cultivos como los cítricos, el ajo y las cebollas, la cereza, la fruta temprana de Murcia, etc.

–       Incremento del consumo de vegetales de primera necesidad, así como de frutas básicas o de temporada debido al confinamiento de la sociedad que ve como además sus recursos económicos se ven amenazados. Hay que comer en casa y hacerlo de forma saludable y económica, para este asunto no hay una opción mejor que las verduras y las frutas de temporada. Esto está ayudando a que los precios en origen sean un poco mejores de lo habitual. En cualquier caso, las políticas de precios siguen sin estar claras por la eterna reclamación del campo sobre la intermediación y la distribución.

–       Descenso de los flujos de exportación e importación con países fuera de la Unión Europea, este efecto está golpeando mucho a países como Turquía o Marruecos que han visto como sus producciones para exportación han tenido que quedarse para su mercado interno, incapaz de pagar los mismos precios que los compradores internacionales. En estos países la agricultura está sufriendo mucho el impacto del COVID-19, un caso extremo es el de Argelia donde además de lo comentado, la distribución de insumos se ha visto obligada a parar su actividad, no pudiendo atender las demandas de los agricultores.

–       El transporte de mercancías no ha afectado a todos los países de igual forma, pero claramente se ha convertido en un factor clave para el impacto del COVID-19 en la agricultura del país. El confinamiento, la posibilidad de mover mercancías entre territorios ha tenido un impacto muy negativo en regiones productoras de Italia y otros países donde las restricciones han podido ser más elevadas durante semanas.

–       Los hábitos alimenticios también están cambiando y el confinamiento se ha sumado al cierre de restaurantes y bares por lo que la cesta de la compra de los hogares ha comenzado a cambiar. Estos cambios de consumo van a producir cambios en los precios de productos básicos como los cereales, verduras y frutas. Un caso curioso, pero con un impacto negativo muy importante es el de la producción de patata para la industria cuyo peso y volumen son muy significativos para regiones enteras en Europa y otras zonas a nivel mundial. El consumo de la patata para industria proviene de la industria alimentaria y de los restaurantes (especialmente de comida rápida), por este motivo su demanda ha caído bruscamente y con ello el precio en origen recibido por el agricultor.

–       Tensiones en la confianza sobre la salubridad de los productos agrícolas han sido detectadas en parte de los consumidores. Los consumidores han identificado aquellos productos que procedían de regiones con niveles altos de infestación por COVID-19 como un riesgo potencial para su salud y esto ha provocado ciertas tendencias a buscar y demandar el producto de proximidad. En muchos casos estos miedos son irracionales y sin fundamento científico además de no considerar las enormes medidas de seguridad y prevención que se han establecido en muchas empresas y cooperativas del sector agrario. En cualquier caso, es un factor más que impacta sobre el normal funcionamiento del sector.

–       Dentro del área financiera, considerando el entorno económico que está produciendo el COVID-19, comienza a crecer el miedo a que aumente la incapacidad de afrontar pagos dentro del sector agrario (aun siendo este uno de los menos afectados) y esto puede comenzar a plantear dificultades en la disponibilidad de créditos a los agentes que intervienen en la agricultura, dificultando el desarrollo económico e incluso la viabilidad económica de muchas empresas o explotaciones.

Stoller Europe

Está claro que los factores son muchos más de los expuestos, pues como he comentado, la pandemia ha tenido un impacto global y transversal. Todo es nuevo y además cambiante a un ritmo vertiginoso. Vamos a necesitar de la generosidad y el esfuerzo de todos, habrá que empatizar con los problemas de todo el sector y tratar de apoyarnos a través de la flexibilización de nuestras relaciones comerciales.

Stoller, desde el primer momento, articuló todas las medidas necesarias para la protección de sus trabajadores, presentes en todo el mundo, así como un gran número de iniciativas solidarias. Stoller Europe facilitó el teletrabajo a todos sus trabajadores desde el primer momento, ha incorporado protocolos de prevención y protección, así como la utilización de Equipos de Protección Individual (EPI) para los trabajadores que debían acudir a su puesto de trabajo en nuestra fábrica, puesto que la salud y el bienestar de las personas siempre es y será lo primero.

En el mes de marzo, cuando se iniciaban los procesos de ERTEs en muchas empresas, nuestra compañía decidió realizar el pago a los trabajadores del Bonus extraordinario por el rendimiento de la compañía en 2019 y así acrecentar su seguridad económica familiar.

Nuestro compromiso con la sociedad nos ha llevado a un gran número de iniciativas internacionales entre las que destaca la campaña de apoyo público a nuestros agricultores lanzada desde Stoller Europe, así como la participación en la iniciativa de la Asociación Española de Fabricantes de Agronutrientes (AEFA) para donar mascarillas a más de 100.000 agricultores y trabajadores del campo.

Además del cuidado de la salud y del bienestar de nuestras personas, también hemos cuidado a nuestros clientes y proveedores. Tenemos la oportunidad de crear lazos de confianza y solidaridad entre compañías de forma que el “win-win” se afiance en todas las relaciones comerciales del futuro y sea tan importante generar riqueza para la empresa como asegurarse de crearla fuera de ella.

Sergio Aguilar Roig

Vicepresidente para Subsidiaras EMEA

CEO Stoller Europe

La Cátedra Stoller UPV está adscrita a la EAMN UPV

Enrique Peiró: «Me he sentido apoyado tanto por mis tutores como por los miembros del tribunal»

Enrique Peiró, estudiante de la Escuela,  ha presentado online su TFM (Trabajo Fin de Máster) del Máster en Ingeniería Agronómica, debido a la situación de confinamiento en que nos encontramos.  Enrique se ha sentido apoyado en todo momento y recomienda no parar ante esta situación y seguir con los estudios para crecer en el sector agroalimentario.

 

 

Hemos hablado con él y nos ha contado su experiencia.

  • Enrique, ¿en qué ha consistido tu TFM?

Primero, muchas gracias por contactar conmigo y hacer llegar mi feedback. Yendo a tu pregunta, mi Trabajo Final de Máster ha consistido en un proyecto agronómico, concretamente, una transformación en regadío de una explotación de granados. El proyecto ha partido con la idea de documentar parte del trabajo que he realizado como trabajador en una empresa productora de granadas. He intentado que sea lo más completo posible, abarcando bastantes partes como cultivo, riego, cabezal de riego, construcción de nave, instalación eléctrica, generación fotovoltaica de autoconsumo y he finalizado con un estudio de viabilidad económica. ¡Parece largo y costoso, pero con la ayuda de mis tutores (Alberto San Bautista y Juan Manzano) ha sido todo más fácil!

  • Has tenido que presentarlo online debido a la situación de confinamiento. ¿Cuál ha sido tu experiencia?

Realmente, muy buena. En todo momento me he sentido apoyado tanto por mis tutores como por los miembros del tribunal. Desde toda la programación de la defensa en el paquete informático hasta la propia presentación han estado bien coordinadas, sin ningún contratiempo y siempre respaldado mediante correo electrónico.

En mi caso concreto, me ha sido bastante sencillo, ya que estoy acostumbrado a trabajar así con mis compañeros (o mejor dicho, amigos) de la carrera. Muchas veces “quedábamos” en los trabajos grupales por plataformas similares en los momentos donde desplazarnos nos llevaría un valioso tiempo.

  • ¿Qué ventajas e inconvenientes crees que tiene este sistema?

Las dos ventajas principales creo que son: puedes llegar a ahorrar mucho tiempo y otra que puedes estar donde quieras (aunque ahora difícil…). Este evento nos ha demostrado que es necesario digitalizar muchas de las cosas que hacíamos presenciales y apalancarnos en los paquetes informáticos. Obviamente, sin eliminar completamente la parte presencial (tutorías, seminarios, prácticas, etc).

Los inconvenientes principales que encuentro quizá sean a la hora de mejorar “expresión corporal”, que no se puede ver reflejada correctamente y poder disponer de un equipo y conexión a internet aceptables.

  • ¿La defensa de tu TFM ha sido la misma que si hubieras podido hacerlo presencial?

Obviamente, no son iguales, en mi caso, al menos. Los nervios de estar de forma presencial exponiendo un trabajo que has hecho durante meses no es igual física que digitalmente. Aunque en la práctica, las exigencias son las mismas (basados en rúbrica), por lo que, no afecta en la nota final los dos tipos de defensas.

  • ¿Cuáles son ahora tus planes de futuro?

Formarme como profesional y crecer dentro del sector agroalimentario. El proyecto lo he realizado en parte como trabajador a tiempo completo dedicando las horas fuera del trabajo, así como realizando diferentes cursos extras para mi formación, por lo que, intentaré continuar en ese camino. Además, el lado bueno de nuestra carrera es que nos da los conocimientos y competencias para poder ejercer la profesión en un sector no cíclico… El campo y la alimentación nunca paran.

 

  • Manda un mensaje de ánimo para todas las personas que se encuentren en tu misma situación.

Primero, por la situación en la que estamos, que estén tranquilos. También, que se protejan al máximo (evitar exponerse -salir de casa solo en casos imprescindibles- y disminuir la carga viral lo máximo posible) y, por último, seguir las recomendaciones de los profesionales de la salud. Respondiendo a tu pregunta, que… ¡Sin duda, lo presenten! No va a haber problemas, es todo el proceso intuitivo y siempre van a tener ayuda si la necesitan, es innecesario aplazarlo a otro curso.

 

Las cooperativas, claves en la respuesta ante la crisis

La crisis sanitaria, económica y social que está provocando el coronavirus COVID-19 no tiene precedentes en la historia reciente de la humanidad. Hemos de echar la vista atrás más de un siglo, hasta la mal llamada Gripe Española de 1918, para encontrar algo similar. 

La situación por la que estamos atravesando está sacando, en muchos casos, lo mejor de nosotros mismos, como individuos y como sociedad. Cunden los gestos y los ejemplos: personas que ayudan a los mayores, haciéndoles la compra para evitar que salgan a la calle y puedan contagiarse; voluntarios que están organizándose para imprimir en 3D piezas para la elaboración de máscaras de protección o para coser mascarillas y batas; donantes que con sus aportaciones apoyan la labor de organismos y ONGs en defensa de los más desfavorecidos; ciudadanos que desde su balcón aplauden la labor de los que siguen trabajando para que salgamos de esta lo antes posible…

 En el ámbito profesional, también encontramos grandes ejemplos de comportamientos dignos de admiración. En primer lugar, el de los sanitarios, que luchan día a día para evitar miles de muertes. Pero también hemos de mencionar a las fuerzas y cuerpos de seguridad o a las miles de personas que trabajan de forma directa o indirecta en la cadena alimentaria, garantizando que tengamos acceso en condiciones normales a productos sanos, seguros y de la máxima calidad. 

No es un exceso de corporativismo decir que el sector agroalimentario en general, y las cooperativas en particular, están ofreciendo una respuesta ejemplar ante la crisis. En ningún momento han cesado su actividad, y han sabido implementar con gran velocidad y eficacia medidas adicionales de seguridad para proteger a sus socios, trabajadores, clientes y, por supuesto, a los consumidores. 

Pero no solo han mantenido su capacidad de producción, transformación y distribución de alimentos. También han seguido prestando toda clase de servicios en el entorno en el que desarrollan su actividad, muchos de ellos fundamentales en el medio rural, especialmente en un momento tan complicado como el que atravesamos. Las cooperativas cuentan con supermercados, tiendas de suministros o gasolineras, que siguen trabajando pese al estado de alarma y que garantizan el acceso de la población a productos, bienes y servicios básicos.

 La respuesta de las cooperativas agroalimentarias ante la crisis es, además, solidaria. En las últimas semanas se han multiplicado los ejemplos de entrega de EPIs y material sanitario, o la utilización de los equipos de tratamiento para la realización de labores de desinfección viaria. Una manera de actuar que redunda en beneficio de la comunidad, que se alinea con los principios y valores cooperativos, y que demuestra el arraigo y la vinculación de las cooperativas con el territorio. 

Es fundamental que el sector agroalimentario continúe trabajando, para garantizar la alimentación de hoy, pero también la de mañana o la de dentro de varias semanas y varios meses. Para ello es necesario seguir produciendo, recolectando, sembrando y manteniendo las explotaciones. Esa es nuestra tarea, nuestro compromiso y nuestra responsabilidad, con nuestros socios y con los consumidores. 

De la misma forma que nosotros no paramos, el resto de la cadena no se detiene. La distribución se encarga de poner a disposición de los clientes aquello que producimos, apoyándose en sectores como el transporte, cuyo papel en estos días de crisis también es fundamental, sumando así su labor a un esfuerzo colectivo. 

Pese a las dificultades del momento, siempre hay que ser positivos. Al final, entre todos superaremos esta crisis. Y cuando lo hagamos, será de justicia reconocer el esfuerzo de aquellos que en esta situación están ofreciendo lo mejor de sí mismos. Quizás, con el fin de la crisis, muchas cosas cambien: las relaciones laborales, las pautas sociales, las experiencias familiares o nuestra consideración hacia la situación e importancia de ciertos sectores, como el sanitario y, esperemos, también el agroalimentario. Los aplausos ciudadanos que reconocen su papel diariamente desde ventanas y balcones, a los que antes hacía mención, deberían ser una llamada de atención a nuestros responsables políticos. Una llamada sobre la importancia de reforzar esos sectores cuando acabe la crisis.

 

Cirilo Arnandis

Presidente Cooperatives Agro-alimentàries CV

Ni héroes ni villanos

Una de las primeras conclusiones acerca de esta crisis excepcional del Covid-19 es que el sector primario es y seguirá siendo fundamental. Hemos sido capaces de producir y abastecer de forma suficiente y ordenada evitando de este modo una mayor crisis social aparte de la sanitaria.

 

Nuestra labor no ha sido ni mucho menos fácil en estos meses. Para el correcto desarrollo de nuestra actividad y el posterior abastecimiento de los mercados, hemos sufrido muchas veces la ambigüedad de las medidas o el rechazo en otras. Hay muchos productores afectados por la crisis sanitaria que lo están pasando mal.

La agricultura y la ganadería no escapan de ese modelo impuesto por las políticas globalizadoras y por las estrategias de grandes empresas que han apostado por la deslocalización y por las importaciones masivas de productos agrarios, ocasionando el abandono de tierras y de cabaña ganadera en nuestros territorios. Resulta más que evidente que esto debe  ser un punto de inflexión para que los acuerdos internacionales que la UE firma con terceros países cambien y dejen de mostrar una laxitud imprudente que solo genera problemas de consolidación del modelo agrícola de explotaciones profesionales que garantizan la soberanía alimentaria.

Desde LA UNIÓ reclamamos ahora más que nunca modelos agroalimentarios que pongan en valor que los productos tengan la mayor proximidad posible y exigir a las Administraciones que antes de firmar cualquier acuerdo realicen estudios sobre los efectos, que comprueben si las producciones son o no deficitarias en el ámbito comunitario y en qué momento en relación al consumo para así alcanzar acuerdos ordenados y no levantar las voces y barreras del proteccionismo extremo que no es positivo para una agroalimentación como la nuestra con vocación exportadora también. El consumidor debe concienciarse a la hora de la compra que cuanto más cerca sea lo que adquiere más ayuda a la riqueza de nuestros productores, de nuestros pueblos, al mantenimiento del territorio en el que vive e incluso a la contribución para mitigar el cambio climático.

Todos los agricultores y ganaderos hemos dado una lección de trabajo y colaboración con la sociedad que nos ha reforzado como colectivo y que espero que sirva para que nuestros gobernantes entiendan que deben escuchar a las personas profesionales para labrar un futuro mejor.

Los que formamos parte de la sociedad valenciana debemos trabajar unidos en propuestas con un enfoque que dé respuestas colectivas en algunos de los principios básicos de un estado del bienestar como son la alimentación, la sanidad, la educación, la sostenibilidad. La sociedad del futuro debe adaptarse a los cambios que nos impondrá la pandemia y trabajar para responder con rapidez para mitigar lo antes posible la amenaza de lo desconocido y gran parte de ello dependerá de la capacidad de disponer de material propio.

Nuestra sociedad debe contar con aquellos que suministramos alimentos de calidad, dan sostenibilidad, cuidan el territorio y el medio ambiente y favorecen al mantenimiento de la población en zonas rurales. Si conseguimos crear modelos propios donde los productores puedan vivir dignamente de su trabajo, evitaremos el brutal coste público que ahora va a suponer la pandemia del COVID-19 y que vamos a pagar entre todos como sociedad.

Carles Peris.

Secretario general de LA UNIÓ de Llauradors i Ramaders

El sector agrario ha demostrado su papel esencial ante la crisis del Covid-19

El sector agrario valenciano y español estaba en plena guerra reivindicativa ante la dejadez de la clase política a la hora de solucionar la crisis estructural de los agricultores y ganaderos. Justo antes de la declaración del estado de alarma, el sector recorría las calles y carreteras de toda España en una ola de manifestaciones que contaba con la aceptación social y una extraordinaria repercusión mediática. Con la llegada del Covid-19, las organizaciones agrarias suspendimos todos los actos reivindicativos, en un acto ejemplar de responsabilidad y sentido común, a pesar de la extrema gravedad de la situación.

La pandemia ha servido para recordar que este sector constituye una pieza fundamental en el engranaje de la sociedad, puesto que garantiza el suministro de una alimentación en cantidad y calidad a toda la población. Considerada, como no podía ser de otro modo, como una actividad esencial en el estado de alarma, la agricultura no ha parado y ha seguido al pie del cañón.

Sin embargo, desde los primeros días hubo mucha incertidumbre, confusión e incluso malestar entre los productores por una serie de cuestiones, tales como los desplazamientos, la acreditación requerida en los controles, la autorización de los mercados ambulantes, la quema de restos agrícolas, la escasez de mano de obra especializada o los daños de la fauna salvaje, principalmente de conejos y jabalíes, que se han disparado por la suspensión de la caza. Sobre este último punto, cabe destacar, por ejemplo, los perjuicios en los brotes verdes de los viñedos que pone en peligro la próxima cosecha.

En consecuencia, la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) no ha dejado de trabajar durante la crisis del Covid-19 para asesorar a los agricultores y ganaderos valencianos sobre las nuevas normas a seguir, trasladarse a las administraciones con el objeto de que aclararan las dudas planteadas y defender los intereses de los sectores agrarios más afectados por la coyuntura.

El sector ha demostrado, además, su solidaridad y compromiso social al colaborar en las tareas de desinfección de los diferentes municipios prestando sus tractores y formación en el uso de productos fitosanitarios y prevención de riesgos laborales. En colaboración con la Agencia Valenciana de Seguridad y Respuesta a las Emergencias, AVA-ASAJA ha coordinado a sus delegados en decenas de localidades donde se nos ha solicitado ayuda para llevar a cabo dichas tareas. Incluso el sector ha participado en donaciones de alimentos destinadas a las personas que viven en situación de vulnerabilidad.

El cierre del canal HORECA (restauración, hostelería, etc.) ha paralizado la venta de productos que iban destinados principalmente a estos establecimientos y que supondrán grandes pérdidas para los agricultores y ganaderos. Los sectores más perjudicados han sido las hortalizas, la ganadería de ovino-caprino y la floricultura. Lamentablemente, no todos los productores han podido vender sus cosechas, y algunos han recibido precios de ruina, puesto que, al mismo tiempo, una parte importante de la distribución de forma insolidaria ha primado en algunas ocasiones alimentos foráneos, como es el caso de la cebolla.

Por este motivo, desde la asociación reivindicamos la apuesta por nuestros productos y que se tenga en cuenta la agricultura y la ganadería, profesiones que han sido desprestigiadas en las últimas décadas, pero que, sin embargo, constituyen una parte vital de nuestra economía. Necesitamos que nuestros gobernantes se impliquen de lleno en recuperar un sector estratégico, que cada vez está más envejecido debido a la falta de rentabilidad. Para ello, AVA-ASAJA reclama políticas con propuestas y presupuestos concretos encaminadas a asegurar unos precios dignos para los agricultores y ganaderos valencianos. Echamos de menos una verdadera ayuda fiscal por la situación pasada y presente del campo. La PAC debe tener más en cuenta la agricultura mediterránea, de manera que la Unión Europea no la utilice como moneda de cambio en la firma de acuerdos comerciales con terceros países. Y, en definitiva,  cabe reforzar este sector para salir de esta crisis más unidos.

Hasta la fecha las administraciones no han ofrecido una respuesta satisfactoria para solucionar todos estos problemas. Ahora es el momento de escuchar a políticos del nivel de Emmanuel Macron en Francia, que plantea la importancia de garantizar la soberanía alimentaria de cada país para poder enfrentarnos a crisis como esta en el futuro. Nuestra alimentación no puede depender cada vez más de países terceros y es imprescindible cambiar la tendencia. Las crisis siempre suponen un antes y un después, una reflexión, un cambio de paradigma. Hemos aprendido a distinguir lo que es importante, lo que es esencial, esperemos que los políticos también lo hayan aprendido y sean coherentes con sus palabras cuando afirman que el sector agrario es estratégico.

Cristóbal Aguado Laza

Presidente de AVA-ASAJA

Manuel García-Portillo: «Hay que hacer una revisión del sistema para replantear una reconstrucción profunda a 20-30 años vista»

A finales del 1800, mi tío abuelo Antoni Iñesta, nacido en MOIXENT y jesuíta, fue el primer rector de un gran colegio de BARCELONA: Sant Ignasi-Jesuítes Sarrià, junto al actual instituto químico de Sarrià, IQS, que se fundó a principios de 1900 cuando mi tío fue Provincial de los Jesuitas de Aragón, Cataluña, Valencia y Las Islas Baleares.

El lema del IQS era: PERSONA, CIENCIA, EMPRESA.

 

 

Toda mi familia procede del mundo universitario. Mis padres, maestros; sus hermanos, doctores, catedráticos y universitarios en general. Yo tuve la suerte de estudiar en esta escuela de Ingeniería Agronómica, lo que hace 45 años se llamaba ingeniería técnica agrícola y que hoy se denomina Grado. Además, tengo el honor de que a finales del año 2018 me galardonaran en este centro con el título de ALUMNI ILUSTRE de la escuela a la que me siento unido porque aquí me formé. También tengo el honor de presidir el Instituto Tecnológico Agroalimentario (AINIA) y además, porque forma parte la agricultura y alimentación del llamado actualmente grupo de SERVICIOS ESENCIALES.

¿Quién en Valencia no se siente orgulloso de haberse criado entre campos, muchos conservando aún un campito, con sus naranjos o su huerta, disfrutando con la familia y amigos de una buena paella los domingos?

A mis antepasados por Moixent parece ser que los llamaban “els Llauradors” porque tenían propiedades rústicas que trabajaban en ese maravilloso triángulo, Moixent, la Font y Fontanars, llamado Alforins por los árabes o lo que es lo mismo, tierras fértiles de secano entre preciosos valles y sierras del interior mediterráneo.

En esos valles y sierras y a través de una empresa de mi propiedad, POGARMA, estoy realizando un proyecto de desarrollo rural, llamado PROYECTO ORIGEN, reconstruyendo masías abandonadas, cultivando viñedos y olivares donde ya lo hacían los ÍBEROS allá por el siglo IV A.C., recuperando bodegas y almazaras artesanas. Es un proyecto que pretende revivir nuestro pasado y proyectarnos hacia el futuro desde la madre tierra y contemplando su autenticidad y la grandeza de nuestra biodiversidad.

En este transcendental momento de nuestra historia, en el que un virus, COVID 19, nos ha confinado a más del 80 % de la población en nuestras casas de las ciudades, deberíamos dedicar buena parte de nuestro tiempo a analizar por qué hemos llegado hasta aquí. Creo que es un momento excelente para reflexionar si el mundo que hemos creado, distanciado cada vez más del territorio, era lo que queríamos cuando se llamó a todo el mundo rural allá por 1950 a abandonar el territorio en busca de un mundo mejor en las ciudades.

Se cerraron escuelas, se fueron los médicos, se quedaron los pueblos y aldeas sin servicios y lo que es peor, se denostó la agricultura y se enviaron mensajes a la sociedad de que el sector primario no tenía ningún futuro y en algo de eso había razón, porque se creó la OCM, la Organización Común de Mercados, para crear una competencia global y no regional. A esta misma OCM se le olvidó que se debe crear una competencia entre iguales, ya que no es posible competir con estructuras de costes diferentes y aún peor, con regímenes que no protegen los derechos humanos de las personas, pero así lo aceptamos aunque la agricultura y nuestros pueblos con su cultura e historia forman parte de nuestras señas de identidad.

Menos mal que en nuestra ESPAÑA, en nuestro Mediterráneo, cuna de civilizaciones, y en nuestra VALENCIA, el arraigo de la gente a nuestra tierra y a nuestra agricultura consiguió que ésta no desapareciera, porque Europa, en un alarde de irresponsabilidad, ha hecho suficientes esfuerzos para comprar fuera de Europa y no en su maravilloso Mediterráneo. Posiblemente, gracias a que los agricultores franceses aún tienen más arraigo y más apego por el terruño que nosotros y también porque han sabido conservarlo a través de su cultura, sus chateaux y su inversión en marcas, Burdeos, Champán…..han conseguido una agricultura rentable para sus agricultores.

Nunca en Francia ha llegado a ser alguien presidente del estado sin dedicarle largos discursos al mundo rural y a prestigiar su agricultura y sus agricultores.

En ESPAÑA, con mejor clima y con gran tradición, no hemos sabido prestigiarnos, quizás por nuestro individualismo o nuestra forma de ser.

Solo hace falta acercarse a nuestro territorio para ver multitud de masías derruidas en una ESPAÑA que, más que vaciada, diría que está abandonada, legislando y dificultando desde la administración para que el agricultor no pueda desarrollarse y desaparezca de su tierra.

Les debemos a nuestros antepasados el hecho de recuperar la dignidad de lo que nos entregaron en vida y en vida nosotros abandonamos, por lo que posiblemente sea el momento de que una parte de la población deba hacer el camino inverso de la ciudad al territorio, posiblemente sea el momento de darnos cuenta de que un mundo mejor es posible en el territorio. Posiblemente, el verdadero lujo del siglo XXI esté en redescubrir y disfrutar la naturaleza.

Hoy, gracias a esta CRISIS, se están recuperando las palabras básicas de siempre, clasificando las cosas de nuevo según las necesidades de básicas a lúdicas de los seres humanos.

Cosas básicas o ESENCIALES y cosas no básicas y NO ESENCIALES, incluso se usan palabras bíblicas que sorprendentemente nadie critica porque se ha convertido en imprescindible para salvar vidas, hoteles medicalizados, llamados ARCAS DE NOÉ.

La verdad es que ya lo dijo Einstein: “Crisis, igual a oportunidad”.

Tenemos la gran oportunidad de repensar qué sociedad queremos para el futuro y más aún, qué sociedad podemos permitirnos tener. Creíamos que era ilimitado el número de personas que puede tener el planeta tierra y no es así, las megaciudades no son la solución que se merecen los seres humanos. Creíamos que era ilimitado el número de aviones para desarrollar la actividad turística global, también trasladamos casi toda la industria a China y un commodity ahora lo convierten en un clúster y en una especialidad, concentrando la oferta industrial, contaminando buena parte del planeta y no pudiendo occidente abastecerse de sus necesidades básicas o esenciales, por reducir sus costes de producción. El planeta se queja en forma de pandemias, de guerras o de desequilibrios medioambientales. Nunca un bichito nos había hecho tan vulnerables e insignificantes aun habiendo acumulado tanto conocimiento y tecnología que todo el mundo creía que habíamos construido un mundo inexpugnable.

Quien me conoce sabe que llevo años diciendo que esta sociedad se está COLAPSANDO y ojalá me equivoque.

La globalización debe ser sostenible, las megaciudades ya no son ni sostenibles. Lo que sí que ha venido para quedarse son las tecnologías, pero no todas. Debemos ser capaces de discriminar las tecnologías positivas, las que salvan vidas, no las que la ponen en riesgo, que las hay también, pero se construyen dogmas en torno a todas y solo que debemos querer aquellas que ayudan a las personas, las que nos mantienen conectados o informados o nos ayudan a tener una mayor calidad de vida más digna o un trabajo menos físico y más intelectual.

El ser humano siempre ha buscado y desafiado sus límites, pero esos propios límites a veces te sitúan en el borde del precipicio y por ello han ido desapareciendo unas civilizaciones y dando paso a otras y creo que estamos en ese momento histórico de repensar si queremos seguir arriesgando o por ende repensar cómo podemos reconciliarnos con el planeta tierra. Bajo mi punto de vista, creo que es la hora, es el gran momento para ver qué es esencial, no especialmente en esta CRISIS, que pasará, sino en nuestra vida y para nuestras generaciones futuras.

Creo sinceramente que hay que hacer una revisión del sistema para replantear una reconstrucción profunda a 20-30 años vista y empezando a revisarlo por el orden actual de esencial a no esencial.

Todos sabemos ahora que lo más esencial es la familia (el hogar) la agroalimentación, la sanidad, el orden (policía y justicia) las tecnologías y la logística, la educación y la formación.

Todo lo anterior necesita de una profunda revisión y si creemos que lo esencial es lo descrito, empecemos a mejorar y proteger lo esencial.

Por tanto, quiero acabar por donde empecé, por el lema del IQS: PERSONA, CIENCIA, EMPRESA.

LA PERSONA y su formación y educación es vital, es el centro de nuestras vidas y de nuestro mundo.

LA CIENCIA, es la rama del saber humano constituida por el conjunto de conocimientos objetivos y verificables, y de ella depende el progreso.

LA EMPRESA, es una organización de PERSONAS que apoyándose en LA CIENCIA produce bienes y servicios, obteniendo por ello un beneficio económico y de alguna forma generando una competitividad positiva y ética por el progreso.

Espero y deseo que el CORONAVIRUS nos permita reflexionar sobre la ESENCIA DE LA VIDA y revisar la teoría de Maslow como de forma consciente o inconscientemente se está haciendo ya, donde tantas y tantas veces nos han explicado que hay que abandonar la base de la pirámide o como mínimo ahí no hay riqueza posible, aunque ahí estén las necesidades básicas o esenciales del ser humano, y así llegar a la cúspide, a la auto realización, a conseguir el sueño de los triunfadores.

Posiblemente hemos creído que todos nos merecemos estar allí arriba, pero como se puede ver en el gráfico de la pirámide, la parte de arriba es muy estrecha y no cabemos todos, sin embargo, hemos abandonado lo que necesitaremos todos toda nuestra vida y las generaciones venideras, porque nos hemos dejado engañar por medio de la comunicación dirigida, la publicidad y los cantos de sirena.

Siempre hay una oportunidad para volver a coger las riendas de nuestro destino, pero no sabemos si tendremos muchas más como la de ahora.

La vida es maravillosa, pero siempre que sepamos interpretarla, vivirla y trabajarla.

Finalizo con estas dos frases:

“A MEDIDA QUE TE DISTANCIAS DE AQUELLO QUE CONOCES, EL RIESGO AUMENTA”.

“HEMOS HECHO DE LA INCERTIDUMBRE VIRTUD, CUANDO EL SER HUMANO LO QUE NECESITA SON CERTIDUMBRES”.

Manuel García-Portillo

Empresario  y Alumni Ilustre de la Escuela.

 

 

Be water, my friend

A estas alturas ya están dichos todos los tópicos y han surgido innumerables iniciativas para reconocer al conjunto del sistema agroalimentario y a cada uno de sus agentes por separado. A nadie se le escapa que sin una respuesta como la dada por todos los que hacen que podamos comer, y con todas la garantías, todos los días, el problema sanitario se habría convertido en un problema social infinitamente mayor.

No obstante, creo que no somos conscientes de la hazaña lograda como profesión, y qué mejor que el blog de una escuela que forma a los futuros ingenieros agrónomos mediante un máster que otorga la visión holística para destacarlo.

Bajo mi punto de vista, la función de planificar y de garantizar la seguridad alimentaria –en sus vertientes cuantitativas y cualitativas– que ha realizado la ingeniería agronómica desde su origen como profesión y ha ido consolidando en ambas acepciones con cada una de las grandes crisis/desastres/guerras que hemos atravesado, es nuestra principal seña de identidad. Sin ninguna duda, somos una profesión que ha crecido con la adversidad, porque tenemos una marcada sensibilidad social y medioambiental, lo que también nos hace menos fastuosos en la materialización de nuestras acciones, más sensatos en el empleo de recursos y tremendamente resolutivos.

Por otra parte, esta crisis nos ha desvelado claramente las dos facetas de nuestro ejercicio profesional: hacer y gestionar. Las dos caras de la misma moneda. Sin una de ellas, ni está la otra ni existe la moneda. Es decir, la ingeniería agronómica es la moneda, y la gestión y el diseño de soluciones, cada una de las caras.

Si ligamos estas dos ideas, es fácil entender que nuestras funciones como profesión van oscilando armónicamente en el tiempo entre el “hacer” y el “gestionar”; actualmente estamos en un máximo absoluto de nuestra labor como gestores. Porque conseguir que las infraestructuras para la producción –suministro de agua, transporte y energía– no paren por nada; garantizar la sanidad vegetal de nuestros cultivos para que ninguna plaga, enfermedad o fisiopatía se lleve por delante una producción vital para la población europea; y asegurar una óptima nutrición vegetal y animal para que las producciones sean viables económica y ambientalmente hablando, son ámbitos de nuestra responsabilidad.

Porque conseguir que la industria agroalimentaria no se detenga por ningún imprevisto, que sus instalaciones no paren ni un segundo y que se mantenga la garantía sanitaria y calidad de sus producciones es cosa nuestra. Y que las distribución y sus infraestructuras permitan que los alimentos producidos lleguen a nuestras mesas también depende de nuestra esmerada dedicación. Porque somos los ingenieros de este complejo sistema que no solo garantiza que todos podamos comer alimentos seguros y saludables, sino que además, que estos sean accesibles para toda la población, es decir, mercados suficientemente abastecidos, próximos a la ciudadanía y a precios estables.

De esta crisis debemos aprender todos y recordar aquellas cuestiones que nos hacen mejores y más resilientes. No debemos olvidar que la trasversalidad del Máster en Ingeniería Agronómica permite conocer el conjunto del sistema agroalimentario en el que la mayoría trabajará, porque sin un conocimiento global solo se es actor de lo local. Al igual que no se debería descuidar nunca nuestra ambivalencia para poder ajustarnos a las necesidades de cada momento ni dejar de reivindicar una conjugación sostenible entre el “hacer” y el «gestionar». “Be water, my friend”.

José Carbonell Castelló

Ingeniero Agrónomo y secretario técnico del COIAL

Un sector al que solo le falta la capa

Sin grandes aspavientos, solo haciendo lo que él sabe hacer muy bien, el sector agroalimentario está diciendo: “Aquí estamos, para lo que haga falta”. Y además, con todas las garantías, porque en el sector agrícola no solo se planta, se riega y se recolecta, sino que también se analiza y actúa sobre la salud de las plantas y los frutos para que su consumo sea seguro; se saca el máximo partido de una gota de agua; se transforman los productos agropecuarios o se organiza una gran intendencia logística capaz de dar la vuelta al mundo para su comercialización, entre otras muchas labores.

Y esto es gracias a muchos profesionales, como los ingenieros agrícolas y graduados en ingeniería agroalimentaria, que estamos acompañando al productor y a la industria agroalimentaria e incorporando al campo grandes dosis de innovación y profesionalización en áreas complejas para competir en un mundo global.

Es curioso que un sector tan modernizado y esencial sea percibido como todo lo contrario por el grueso de la sociedad, y además, sea tan injustamente tratado. Harto de esta situación, días antes de que el mundo frenase en seco, el campo estaba en pie de guerra. ¿Alguien se acuerda? Los agricultores clamaban por precios justos para su trabajo, un trabajo que es denostado por muchos, pero que está demostrando una vez más, por si hacía falta, que es esencial para la vida. Y ahora que estamos en un momento realmente complicado en el que conviene arrimar el hombro para salir de esta, el sector calla y trabaja, y muestra dos de sus grandes virtudes: la humildad y la solidaridad. Y así, con trabajo, muestra y demuestra, lo esencial que es y el respeto que merece. Y nosotros, Ingenieros Agrícolas que también somos parte activa, queremos ser altavoz de la situación.

Como en toda batalla, la retaguardia también es importante. Y en ese espacio están las universidades, donde se forman los profesionales que seguirán aportando valor a este gran sector. Y ahí también estamos los colegios profesionales, desde donde aportamos a nuestros colegiados las herramientas necesarias para que puedan desarrollar su trabajo con todas las garantías. A ellos les dotamos de formación continua, asesoramiento laboral o respaldo jurídico cuando hay algún caso de intrusismo, algún problema en el desarrollo de un proyecto o cuando se publica nueva normativa legal que afecta a su actividad profesional. También contribuimos en continuar incorporando profesionales a la cadena, como pasa en este momento en el que la demanda continúa a pesar de la crisis del Covid-19.

Porque ahora más que nunca,  el trabajo de nuestros ingenieros contribuye a reforzar la confianza en el sector, a acelerar su digitalización, potenciar el producto de proximidad, ser más eficiente y sostenible, en definitiva, a mostrar la mejor versión de un sector que reivindica su protagonismo. Estamos hablando de un potente motor económico capaz de incorporar a jóvenes que desarrollen en él su proyecto profesional y, con todo ello, contribuir al desarrollo del mundo rural y al mantenimiento del estado del bienestar.

Hay un eslabón más en esa cadena que es esencial, y es el del consumidor final. Porque cada uno de nosotros, en nuestra esfera más privada, tenemos la capacidad de ayudar a que el sector agroalimentario tenga el apoyo que necesita y merece.

Por ello, me gustaría apelar también a la responsabilidad de los consumidores, especialmente ante los tiempos que vienen. Este golpe de realidad parece que nos ha hecho más solidarios, ¡pues saquémosle verdadero partido! Propongo un reto, relativamente cómodo y muy efectivo. Cada vez que vayamos a la compra, hagámonos una serie de preguntas: “¿Cuántos de los productos de mi cesta tienen origen local?, ¿es este un producto de temporada o ha viajado desde el otro rincón del mundo?, ¿tiene algún sello o etiqueta que explique si se ha producido de forma sostenible?, ¿tiene algún distintivo que explique quién lo ha producido?, ¿voy a utilizarlo todo o acabará en la basura?”.

Estos pequeños actos premeditados ayudarán a los productores y profesionales, que nos están alimentado estos días, y que lo continuarán haciendo después de esta crisis, a superar un momento difícil en los próximos meses.

No desaprovechemos la oportunidad.

Regina Monsalve

Presidenta del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Agrícolas y Graduados de Valencia y Castellón

El futuro es ahora

La sociedad aplaude cada día a diferentes colectivos como los sanitarios, personal de los supermercados, policías, personal de limpieza… Son muchos los colectivos que merecen y han recibido un aplauso estos días y yo, desde la Escuela y como director, me sumo a todos esos aplausos, pero quiero destacar especialmente el dedicado al sector agroalimentario. 

Me gustaría que ese aplauso continúe cuando esta situación que estamos viviendo termine. Me gustaría que este aplauso sirva para concienciar de la importancia de un sector que nos provee de lo más importante y necesario para la vida como es el alimento y para el que, paradójicamente, no corren buenos tiempos.

Quizá en momentos tan duros como los que estamos viviendo es cuando comprendemos que sin los agricultores y ganaderos junto con todas las profesiones técnicas relacionadas con la producción de la alimentación, no podemos vivir. 

Pero nuestro compromiso con el sector no nace hoy. Nuestro compromiso, que ahora es más firme que nunca, comenzó hace 60 años, con la fundación de nuestra Escuela. Precisamente, en el año en que estamos celebrando nuestro 60 aniversario se hace mucho más patente la importancia de formar profesionales que salgan de estas aulas siendo excelentes profesionales y personas conscientes de su responsabilidad en esta sociedad.

Ya no basta con formar a los profesionales del futuro porque el presente nos ha pisado los talones. Hoy, juntos, debemos afrontar el reto de poner en valor al sector agroalimentario como el más importante de toda la sociedad globalizada en la que vivimos. 

El futuro es ahora. Porque es ahora cuando el sector necesita profesionales cualificados, formados desde la excelencia, con aptitudes y actitudes que solucionen de manera rápida, eficaz y eficiente cualquier reto que la vida imponga. Y a la vista está que los cambios que ahora comienzan no serán asumibles sin profesionales técnicos altamente capacitados para hacer su trabajo. 

Y por ello, además del constante diálogo y colaboración con los agentes implicados en el sector, hoy más que nunca, nos comprometemos a seguir formando profesionales que incluso antes de terminar sus estudios estén preparados para cumplir su función, a través de las prácticas en empresa.

Para ello, no perderemos de vista los objetivos que se marcó el equipo de Dirección de la Escuela al inicio de este mandato, manteniendo abierto nuestro espacio a todos los agentes y todas las voces implicadas en el amplio ámbito de la ingeniería agroalimentaria.

Profesores e investigadores, personal de administración y servicios, y alumnado de nuestra Escuela, con el soporte de la Universitat Politècnica de València, nos hemos adaptado a las nuevas circunstancias de manera rápida y eficaz, ofreciendo a través de la docencia online la misma calidad formativa de siempre.

Pero esto ya no basta. Es momento de pasar a la acción. Como lo hicieron antes con su ejemplo personas ilustres como uno de los principales impulsores de nuestra Escuela, el profesor Eduardo Primo Yúfera, que siempre, en el desempeño de su labor investigadora y docente llevó como bandera el amor a la ciencia. Una pasión que compartió con todos sus alumnos. Tanto el tiempo que él vivió como el que estamos viviendo nosotros, son tiempos de cambio, de revolución, de adaptarse. Y ello nos lleva a pensar que son tiempos difíciles. Pero prefiero penar que son tiempos de oportunidad, de ocupar el lugar que el sector merece, de colaborar, de compartir, de comprender. 

Nuestra Escuela ha sido desde su creación un punto de encuentro para los diferentes agentes del sector agroalimentario, un lugar para abanderar la investigación y una cantera de profesionales. Y así seguirá siendo.

Alberto San Bautista
Director EAMN

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