Mes: febrero 2022

Rosa Porcel: «No podemos entender la vida sin ciencia y sin tecnología»

Rosa Porcel siente admiración por las plantas. Una admiración que ha plasmado en su primer libro, “Eso no estaba en mi libro de Botánica”, editado por Editorial Guadalmazán, y que le ha llevado a recibir el Premio Prismas al Mejor Libro Editado, en su 34 edición.

Rosa Porcel es profesora del Departamento de Biotecnología de la EAMN UPV y del Máster de Biotecnología Molecular y Celular de Plantas.

Si quieres descubrir el apasionante mundo de las plantas, te recomiendo que leas su libro. Pero para abrir boca, puedes leer esta entrevista que en la que Rosa nos deja claro que siempre seguirá compartiendo y divulgando todo lo que le apasiona.

Los Premios Prismas son los más valorados en divulgación de la ciencia en España. ¿Qué supone para ti este premio?

Un reconocimiento enorme por algo que, además, he disfrutado haciendo. Es el primer libro que escribo y hablando de un tema tan poco popular en divulgación científica como son las plantas, me hace feliz que se haya valorado el contenido y la forma como para que el libro sea merecedor de un premio de esta categoría.

Complejas, atrevidas, sensibles, apasionadas y, sin embargo, las grandes olvidadas. Así defines a las plantas en tu libro. ¿Qué podemos aprender de ellas?

¡Podemos aprender muchísimas cosas! Si hay un ser vivo capaz de adaptarse a casi cualquier situación y ser resiliente, es una planta. Donde no hay vida animal encontraremos plantas. Cuando los únicos animales eran invertebrados marinos, las plantas ya habían colonizado la tierra. Y si los animales se extinguieran algún día, seguirían quedando las plantas.

A pesar de lo simples que nos pueden parecer, el hecho de que no puedan desplazarse buscando las mejores condiciones, las ha dotado de mecanismos que les hacen estar alerta 24 horas y generar respuestas eficientes para todo, especialmente si hablamos de una amenaza. Sus mecanismos de defensa, de alimentación, de comunicación… son verdaderamente asombrosos.

¿Las plantas tienen sentimientos?

Ese es un buen melón que podríamos abrir. Algunos ni siquiera se ponen de acuerdo en que “sentimiento” sea un concepto común en animales y humanos y solo lo atribuyen a humanos (a los animales les asocian emociones, pero no sentimientos), así que imagínate en plantas.

Si la pregunta fuera si pueden percibir, la respuesta es que sí. Detectan gran variedad de parámetros físicos y químicos. Fíjate, por ponerte un ejemplo, que solo de la luz, son capaces de saber de qué tipo es, cuánta reciben y cuándo, de dónde viene o si hay algo que les haga sombra. Toda esa información la procesan y adaptan su crecimiento a las condiciones ambientales de cada momento.

Háblanos del mundo secreto de las plantas. ¿Cómo han influido en la historia y en la cultura?

Las plantas han tenido un papel protagonista en la historia. Cuando el ser humano nació, ellas ya estaban allí y nos han acompañado desde entonces. Con ellas expresamos nuestros sentimientos de alegría y tristeza. Sin ellas no tendríamos pintura ni literatura; piensa en el material de los lienzos, de los primeros manuscritos, y de algunos tintes para pintar y escribir.

Fueron un motor de intercambios culturales entre civilizaciones en los descubrimientos geográficos y causa del desarrollo de la ingeniería naval para poder recorrer el mundo a lo largo de las rutas comerciales de las especias, remedio medicinal desde la Antigüedad y tesoro del acervo secreto de las mujeres sabias, las brujas y ¿cómo no? elemento identificativo de muchos lugares. ¿Cómo se entendería Andalucía sin el olivo? Yo soy granadina de nacimiento. Si os fijáis en el escudo de España aparece la flor de lis y una granada.

Eres científica, investigadora, profesora… Pero parece que tu faceta más importante es la de divulgadora, ¿es así?

Posiblemente sea la faceta más conocida en redes sociales especialmente desde la publicación del libro. Aunque ya llevaba tiempo divulgando por esta vía, mi faceta de divulgadora no es la más importante… de hecho, es a la que menos tiempo dedico y la que única que no me da de comer [risas].

Después de leer tu libro, cuando salgamos al monte, ¿miraremos a las plantas de otra manera?

He recibido bastantes mails y mensajes de lectores cuya relación con las plantas era prácticamente accidental o más bien de indiferencia y me cuentan que ahora van por un parque paseando o por el campo el fin de semana y no pueden evitar fijarse en las flores, en las adaptaciones de las plantas y otros aspectos que trato en el libro. Incluso varias personas se han leído el libro ¡más de una vez! Cuando recibo esos mensajes es cuando siento que ha merecido la pena escribirlo.

“Eso no estaba en mi libro de Botánica” va ya por la tercera edición.

¿Por qué es la divulgación científica tan importante? ¿No podemos entender la vida sin la ciencia?

No podemos entender la vida sin ciencia y sin tecnología porque es el avance de una sociedad, de todas las sociedades. Actualmente tener más de 35 años no es un hecho extraordinario y la esperanza de vida sigue aumentando. Si estamos aquí es porque nos han vacunado muchas veces a lo largo de nuestra vida, probablemente nos han operado alguna y ha sido sin dolor, nos hemos curado de abundantes enfermedades, comemos todos los días gracias al desarrollo de nuevos cultivos mejorados y el uso de fertilizantes que se han producido con ciencia y nos movemos por el mundo usando transportes que se han desarrollado conociendo leyes y principios de física y química.

Hay ciencia desde los detergentes de una lavadora hasta el envío de un mail. No podemos entender la vida como la conocemos actualmente si no fuera por la ciencia. La divulgación científica lo que hace es explicarlo y poner en valor la ciencia detrás de cada pequeña cosita que hacemos o usamos en el día a día.

Tienes un magnífico curriculum, incluso, con diversos premios como el Premio Nacional de Investigación en Relaciones Hídricas, pero también tienes un blog y una cuenta de Twitter (@bioamara) con más de 22.000 seguidores. ¿Cómo combinas el rigor con la divulgación para todos los públicos?

Básicamente no suelo hablar de lo que no sé. Creo que es muy necesario reconocer que uno no sabe de todo y que no pasa nada. Es cierto que nuestra formación científica juega a favor porque ya sabemos a qué fuentes acudir (ojo, que muchas de las fuentes equivocadas tienen un halo de científico capaz de confundir a cualquiera). Hemos sido testigos durante esta pandemia de una avalancha de expertos de todo.

De repente han salido inmunólogos y biólogos moleculares que, sin serlo, opinaban y corregían al que lo era, o vulcanólogos cuando entró en erupción el volcán Cumbre Vieja de la Palma que sin tener ni idea predecían el comportamiento del volcán. Durante este tiempo han contactado conmigo medios de comunicación para opinar sobre Covid-19 (transmisión, métodos de diagnóstico, vacunas o variantes) y he declinado la oferta sugiriendo expertos (reales) en el campo, que los hay y muy buenos. Yo no lo soy por muy bióloga que sea.  Esto no significa que solo se pueda hablar de lo uno sepa, pero si se va a tratar un tema en el que nuestro conocimiento o experiencia sea escaso o nulo, debe haber detrás un trabajo previo y exhaustivo de documentación e investigación.

Y luego, a la hora de divulgar ayuda mucho conocer el público al que te diriges. No es lo mismo estudiantes universitarios que escolares, gente con una formación científica que público con un conocimiento mínimo. Uno ha de adaptarse utilizando un vocabulario y ejemplos adecuados para que nadie se pierda si el discurso es demasiado técnico o resulte aburrido si es demasiado básico. Esto es fácil de llevar a cabo cuando se da una charla. El salto al vacío lo he pegado escribiendo “Eso no estaba en mi libro de Botánica” porque quería escribir un libro que lo pudiera leer cualquier persona, de cualquier edad, de cualquier formación académica, incluso sin formación alguna. Creo que lo he conseguido.

¿Es la divulgación científica y, en concreto tu libro, una manera de abrir la mente a una forma de entender la vida aceptándola y sin juzgarla, como hacen las plantas?

Bueno, la verdad es que, en la divulgación, en mi caso hay más de fascinación y ganas de expresarla que otra cosa. Cuando sé algo nuevo que me sorprende lo que quiero es contarlo, y este libro es una vía para hacerlo, sin más pretensiones. En la divulgación, siempre hay un sesgo científico que lleva a valorar cada cosa si se ajusta al rigor o no, pero también trato de que lo racional deje paso a lo emocional y cercano a la gente.

He leído que los árboles, a través de sus raíces, se ayudan entre ellos y colaboran para que todos ganen. ¿Ocurre esto también de alguna manera con las plantas?

Sí, claro, ¡cómo no! La simbiosis de tipo mutualista donde ambos miembros obtienen un beneficio está presente entre plantas y hongos que es uno de los temas que más he estudiado en mi carrera científica durante muchos años: las micorrizas. Concretamente las micorrizas arbusculares son hongos microscópicos que necesitan a las plantas para vivir y lo hacen en el interior de las raíces.

Desarrollan un micelio, como unos finos pelillos, que conectan unas plantas con otras como si fuera una malla gigantesca, como una red neuronal que, entre otras funciones, transmite información entre plantas. La supervivencia en medios hostiles exige la colaboración porque hay un interés común primordial, la Vida. De hecho, ha sido una relación tan beneficiosa que tiene más de 400 millones de años de antigüedad y, de no haber sido por estos hongos, las plantas no hubieran tenido éxito colonizando tierra firme.

¿Conocer esta manera de relacionarse entre ellas nos puede llevar a crear un mejor modelo de sociedad?

Las plantas conforman una sociedad con ciertos parecidos a la humana y a la de otros animales sociales. Hay competencia por sobrevivir, invasión del territorio de unas por otras, pero también, como decía antes, colaboración y asociación por un bien común.

Creo que si las plantas pudieran comunicarse con nosotros seguro que nos dirían que se sienten mejor acompañadas que solas. Los humanos nos necesitamos los unos a los otros, y la relación de plantas, animales y humanos, entre sí, aunque tenga rasgos competitivos y de coevolución, debe estar presidida por una armonía que nos ayude a todos.

Rosa, si fueras una planta, ¿cuál serías y por qué?

¡Uy! Habiendo tantas como hay… ¡Qué pregunta tan difícil de responder! Casi sería una de las que hoy aún no conocemos, que las hay. Soy científica y me atrae el conocimiento que está por llegar tanto como el que se consolidó. Lo que estaba oculto y viene a mí me ilusiona y emociona, y eso es lo que trato de compartir con los demás. Esa soy yo.

Víctor Martínez: “Es capital conocer que hay alternativas al abandono de las tierras de cultivo”

La Cátedra Estructuras Agrarias de la Comunidad Valenciana se firmó en 2018 con el objetivo de promover y desarrollar actividades de información, formación, divulgación y concienciación dirigidas a la comunidad universitaria sobre la cuestión de las estructuras agrarias de la Comunitat Valenciana.

El profesor de la EAMN, Víctor Martínez, director de esta Cátedra de Empresa adscrita a la Escuela, nos habla de la importancia de que los agricultores conozcan que hay alternativas al abandono de las tierras de cultivo y cuál es el papel de la ingeniería agronómica para alcanzar una agricultura sostenible y competitiva.

Víctor, ¿qué actividades organizó la Cátedra en 2021?

En 2021 seguimos colaborando con la Conselleria de Agricultura en dos ámbitos, principalmente. Por un lado, les hemos apoyado en la elaboración de documentos de trabajo y en las discusiones de la Mesa de Estructuras puesta en marcha por la administración; por otro lado, hemos seguido con las actividades de difusión de las oportunidades que ofrece la Ley de Estructuras Agrarias al sector, participando en los actos que nos han requerido.

¿Cuál es tu principal objetivo como director de la Cátedra Estructuras Agrarias de la Comunidad Valenciana?

La estructura de las explotaciones de la Comunitat necesita algunos cambios profundos para seguir teniendo una actividad que sea sostenible desde el punto de vista económico, el ambiental, y también el social. En este último punto, parece que la tendencia es hacia una agricultura cada vez concentrada en menos manos, con menos empresas familiares y más superficie en manos de las grandes corporaciones. Pensamos que este no es el único camino hacia la competitividad del sector y, por ello, creemos en una agricultura con agricultores.

¿Cuál es la importancia de la concienciación y divulgación en las estructuras agrarias?

Es capital. Parte del sector está languideciendo, muchas explotaciones familiares están viendo que no hay relevo por falta de rentabilidad, incluso con abandono de tierras, y algunas de las razones de que esto ocurra son carencias en las estructuras productivas. Se deben buscar alianzas, fórmulas de cooperación y asociación para la gestión de explotaciones, junto con mecanismos más flexibles para la transmisión de tierras y el uso de otros mecanismos que tradicionalmente han jugado un papel secundario en la Comunitat.

Pero el sector, en muchos casos, desconoce las posibilidades que la normativa pone sobre la mesa y está inmerso en una espiral negativa. Por ello, decimos que es capital conocer que hay alternativas al abandono.

¿Cuál es el principal reto de las estructuras agrarias de la Comunidad Valenciana?

Tenemos que evitar el abandono de tierras de cultivo y mantener una estructura de la propiedad que permita que la riqueza generada por el sector se mantenga en el territorio.

¿Qué papel juegan los futuros egresados de la Escuela en este reto?

Crucial. Las explotaciones del presente que son competitivas son explotaciones donde se aplica el conocimiento técnico y de las lógicas económicas de los mercados. Y en los distintos grados y másteres de la EAMN es donde se forman los profesionales que están al servicio de esta agricultura sostenible y competitiva.

Sin unas estructuras agrarias adecuadas, ¿cuál es el futuro de la agricultura valenciana?

Sin tener la bola de cristal, la evolución al extremo de la situación actual nos llevará a que las tierras más fértiles y rentables estarán en unas pocas manos, que contratarán jornaleros, no agricultores, y en las que la riqueza generada no se quedará mayoritariamente en los territorios rurales. Y luego habrá otras zonas, quizá con más desventajas desde el punto de vista agronómico, donde el abandono continuará avanzando y la actividad se perderá.

¿Qué aportan las cátedras a los estudiantes?

Una visión transversal del sector, que les permite integrar conocimientos que han recibido en las distintas asignaturas, al recibir una visión de primera mano del sector.

Desde esta Cátedra, ¿qué se pretende trasladar a los futuros ingenieros e ingenieras?

Que hay que trabajar con las personas para vencer inercias, y que generar redes y colaboración es vital para el éxito personal y de la sociedad donde nos desarrollamos.

Manuel Hernández: “Mi padre dejó huella en los alumnos al inculcarles su pasión por la Microbiología”

Enrique Hernández, catedrático de Microbiología en la Escuela, nos dejó el pasado año 2021. Él ya no está con nosotros, pero su legado permanecerá para siempre en la Escuela y en la ciencia.

Desde la EAMN UPV, hemos hablado con su hijo, Manuel Hernández, también profesor de la Escuela, que hoy ejerce su profesión en el mismo despacho que ocupó su padre.

Manuel, tu padre fue pionero en Microbiología, alcanzó grandes logros y éxitos como todos ya sabemos. ¿Influyó su pasión por la investigación en tu decisión de elegir tus estudios?

Totalmente. Desde que tenía pantalones cortos, mi padre me llevaba con él al “Poli” los fines de semana y mientras él acababa algún experimento, yo trasteaba con el microscopio, la lupa y la pizarra. Me fascinaba lo que aquellos aparatos me permitían observar y lo grafiteaba luego en la pizarra del laboratorio de prácticas. Era la envidia de mis amigos al poder hacer cosas divertidas y distintas a las de los demás niños de mi edad.

¿Te daba consejos o te ayudaba a mejorar cuando eras estudiante?

Constantemente. Por ejemplo, sabía lo importante que era saber otro idioma como el inglés para la divulgación del conocimiento científico y me transmitió la necesidad de formarme en el extranjero. Me convenció para estudiar un máster y doctorado en la Universidad de Surrey, en Inglaterra y hoy creo que es la mejor experiencia vital que he tenido y se lo debo a él.

¿Llegaste a compartir profesión con tu padre en la Escuela?

Sí. Durante mis primeros 12 años en la Escuela. Al principio, compartía docencia con él. Fue una gran ayuda para mí, pues él impartía los temas que yo encontraba más complejos, como el metabolismo microbiano y me dejaba los más fáciles. Aparte, como investigador, me enseñó a gestionar proyectos de investigación y a saber interpretar un resultado microbiológico.

El profesor Enrique Hernández, en el mismo laboratorio donde posa Manuel Hernández en la foto de cabecera de este artículo

¿Cómo era vuestra relación en el ámbito profesional?

Muy buena. Me trataba como uno más. Nunca me dio ningún privilegio frente a mis compañeros. Además, se encargó de formarme de la mejor manera posible, llevándome con él a visitar muchas industrias agroalimentarias, transmitiéndome sus conocimientos y experiencia a la hora de resolver problemas en el campo de la microbiología de los alimentos e industrial.

Grandes personalidades de la ciencia relacionadas con la Escuela como Eduardo Primo Yúfera o Vicente Conejero hablan de tu padre con gran respeto y admiración.  ¿Cómo era su trabajo como docente?

Era un gran comunicador, un libro abierto, un sabio. Lograba transmitir innumerables experiencias personales en el ámbito de la tecnología alimentaria y eso lo valoraban mucho sus alumnos, que llenaban las aulas de sus clases, incluso los pasillos de las mismas.

¿Y en sus relaciones personales?

Era una persona muy amable, respetuosa, cariñosa y cercana. Incluso con sus alumnos por los que se preocupaba. Un profesor de esta escuela, antiguo alumno suyo hace muchos años, me contaba que mi padre acercaba a varios de ellos en su coche a su colegio mayor después de sus clases a última hora de la tarde. Tenía una gran calidad humana.

¿De qué logro crees que él se sentía más orgulloso?

De haber sido pionero en el campo de la microbiología aplicada, de abrir caminos útiles para la industria de alimentos al desarrollar líneas de investigación novedosas, implantar métodos rápidos de control microbiológico, formar personal cualificado y controlar sus procesos de fabricación.

¿Cuál crees que ha sido su mayor aportación a la Escuela y en general a la formación de los futuros ingenieros?

Creó escuela, dejó huella al inculcar en muchos alumnos y discípulos suyos, que hoy se dedican a la docencia o a la investigación, el amor a lo que más le gustaba, la microbiología.

¿Cómo te gustaría que se recordase a tu padre?

 Como una magnífica persona y un excelente maestro.

¿Y cómo le recuerdas tú?

 Como un referente, un ser maravilloso tanto como profesional, como persona y como padre.

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